La semana pasada tuve la suerte de tener una brevísima charla con Woody Allen en Avilés, antes del estreno de “You Will Meet a Tall Dark Stranger“.
Me pareció buena idea darle la enhorabuena por la que hasta ese momento era su última película, “Whatever Works”, y tuve la suerte de que mi amigo Joan Picanyol (del Niemeyer) estuviera raudo para hacer las fotos, que me llegaron por sorpresa.
Su respuesta fue más o menos así:
Gracias, gracias. La verdad es que la de hoy es una película muy diferente. Tal vez haya alguna posibilidad de que te guste. Es otro tipo de película.
Creo que acertó de lleno, ya que aunque no me disgustó, tampoco me gustó especialmente. A ver la próxima…
El martes pasado, recién llegado de Nueva York, me cogí la furgoneta para grabar los bajos del próximo disco de Nistal. Mejor que lo cuente él en su Diario de Grabación.
Ophelia, que cualquier otro se hubiera dejado para los bises, fue el inmejorable comienzo de un concierto inolvidable.
La alegría de Levon a la hora de tocar contagia a músicos y público, sigue siendo uno de los mejores cantantes del rock (incluso después del cáncer de garganta), y por supuesto su maestría y groove a la batería son inigualables.
Nos sorprendieron muchas más joyas de la época The Band de las que esperábamos: Such A Night, Long Black Veil, Evangeline, Rag Mama Rag, The Shape I’m In, Chest Fever, y cómo no, The Weight (ver setlist completo aquí).
La banda
Levon se acompaña bien: además de tener a Larry Campbell y Jimmy Vivino a las guitarras, en el escenario teníamos contrabajo, piano de cola, Hammond B3, un cuarteto de viento que tocaba desde tuba hasta saxo soprano (cada uno tocaba tres o cuatro “cuernos” diferentes), y una colaboración constante de vocalistas.
Además pudimos ver a Larry Campbell al violín; Amy Helm, que tuvo gran protagonismo vocal e instrumental, con la mandolina y la batería de su padre; Jimmy Vivino al Hammond; percusionistas variados; la voz de Alexis P. Suter; el propio Levon a la mandolina en los temas más rurales… Una auténtica fiesta.
Como invitado especial a la guitarra, Jim Weider, en palabras de Levon “el guitarrista que más años tocó en The Band” – a lo que alguien exclamó “Take that, Robbie!”, seguido de la carcajada general. Se ve que a pesar de los años, Levon no puede ver al egocéntrico Robertson ni en pintura.
Everytime the bluebird sings My heart takes wings to the sky
Las tres vocalistas (Amy Helm, Theresa Williams y Fiona McBain) “robaron” el show cuando aparecieron para cantar, a capella, “una canción que aprendimos de Dolly Parton”.
Se hizo un silencio absoluto y sin siquiera usar un acorde o nota como referencia, se lanzaron a tres voces con “The Beautiful Lie”, deleitándonos con un sonido celestial, sublime, casi indescriptible: por momentos las voces parecían un pedal steel guitar, acordes que se deslizaban hacia otros y a la vez formaban la melodía, con una afinación perfecta.
Año nuevo
En algún momento, difuso en mi memoria entre tanta música, público y músicos brindamos por el año nuevo con cuenta atrás, una pequeña bola decorada bajando del techo de forma bastante cómica, un chupito de sidra y Auld Lang Syne.
Después de unas 6 horas de pie, entre conciertos y esperas, conseguimos un par de sillas para terminar este viaje musical que nos llevó por el blues, rock and roll, New Orleans, todo tipo de folk hasta desembocar en el rock clásico de The Band.
The Weight
Os dejo el único vídeo que he encontrado (está prohibido hacer fotos y grabar), The Weight, con un montón de invitados, entre ellos Chris Robinson. Imaginadlo con buen sonido, por favor…
Woodstock, NY, 31 de diciembre de 2008. (Leica M6+Voigtlander 40/1.4)
El pueblo
Llegamos a Woodstock después de conducir casi 3 horas desde Nueva York, la autopista discurriendo entre bosques nevados. Nos instalamos en una acogedor bed and breakfast en las afueras del pueblo, una bonita casa con un precioso bosque y lago helado. Apenas tenemos tiempo para acercarnos a cenar algo y ver el pueblo, ya de noche.
En Woodstock, donde nunca se celebró ninguno de los festivales que llevan su nombre, se respira un ambiente especial, montañero y artístico. Supongo que son las huellas de los músicos que habitaron este pueblo de 6.000 habitantes al pie de las montañas: Bob Dylan, Van Morrison, Jimi Hendrix, Johnny Cash y decenas más, buscando un reencuentro con la naturaleza.
Ahí sigue viviendo el gran Levon Helm, batería y proablemente la voz más reconocible de The Band. Tenemos una cita con él, esta nochevieja, en el estudio de grabación que tiene montado en el barn (establo o granero) de su casa. No está mal para empezar el año…
El granero
Cruzamos la puerta del piso superior del establo tal vez media hora más tarde de lo necesario para ver el concierto sentados cómodamente; el aforo calculo que sería de 100 personas. Pudimos comprobar que de gilipollas está el mundo lleno: un par de individuos con un concepto curioso de “sitio reservado” casi nos amargan la noche.
Buscando sitio, nos colamos por error en la zona “VIP”, pasando junto a su batería y escaleras arriba hasta la mesa de sonido, todo el mundo mirándonos con cara de “pues digo yo que de algo los conoceré”. Nos dimos cuenta más tarde de que un discreto gorila impedía pasar por ese camino. ¡Deberíamos habernos quedado ahí!
Finalmente, a cambio de estar de pie, pudimos ver el concierto a unos 3 metros de distancia de la batería de Levon.
El concierto: The Midnight Ramble
Disfrutamos las actuaciones de los demás grupos, el blues de Alexis P. Suter Band y la propuesta Americana de Olabelle, el grupo de Amy Helm, hija de Levon.
El sonido era increíble en todo momento. Me pareció un concepto muy americano, se nota que inventaron el rock and roll. En España los conciertos se amplifican para acojonar al personal, para maquillar los defectos de las bandas, o simplemente suenan mal. Allí los instrumentos se amplifican para que se oigan bien: ni te quedas sordo, ni se te estropea el concierto si el de al lado se pone a hablar. Puedes oir lo que hace cada músico y a la vez dejarte llevar por la fuerza del rock and roll.
Mr. Helm se hizo esperar, con un descanso que casi nos mata – supongo que estarían cenando. Entre aplausos se sentó en la batería y saludó con gran cordialidad, bromeando con el público, y lanzando a su banda de once músicos directamente hacia Ophelia.
El cansancio de estar varias horas de pie se desvaneció apenas sonaron las primeras notas…
Boards on the window Mail by the door Why would anybody leave so quickly for Ophelia? Where have you gone?
Su web lleva caída aproximadamente media hora, con ese simple mensaje de error. Una catástrofe inaudita para Amazon, cuya infraestructura tecnológica es tan apabullante (probablemente solo superada por Google) que hasta la revende a otras empresas.
Por mi parte, todavía he terminado hoy de “planchar” el servidor nuevo, pero parece que ya ha vuelto todo a la normalidad. La semana que viene continuará la dosis-casi-diaria de chorradas pseudo musicales.
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